Por David, un Maskíl: Dichoso aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado cubierto. Dichoso el hombre a quien Adonái no le considera iniquidad y cuyo espíritu no tiene falacia. Cuando mantuve silencio, mis huesos se desvanecían por mi gemido angustioso todo el día. Pues día y noche Tu mano pesaba sobre mí, mi verdor se transformó por la sequedad del verano, sela. Mi pecado Te di a conocer, no cubrí mi transgresión. Dije: "Confesaré mis iniquidades a Adonái", mas Tú perdonaste mi pecado perverso. Por eso, que todo devoto rece a Ti, en un momento más accesible, que las poderosas aguas del diluvio no lo alcancen. Tú eres un refugio para mí; protégeme de la aflicción; rodéame por siempre de cánticos de salvación. Yo te haré sabio y te iluminaré en la senda ésta por la que marcharás; te aconsejaré con mi ojo. No seáis incomprensivos como un caballo o una mula, frenados con cabestro y brida cuando se los engalana para mantenerlos apartados de ti. Protégenos de las malas acciones y de los malos momentos que podrían sobrevenir en el mundo. Mas Aquel que confía en Adonái, estará rodeado de bondad. Alégrense en Adonái y regocíjense, justos. Hagan cantar a todos los de corazón recto.
Salmo 38 - Tehilím traducido al español
Un Salmo por David, para recordación: Adonái, no me reprendas en Tu enojo, no me castigues en Tu ira. Pues Tus flechas han caído en mí, y Tu mano bajó sobre mí. No hay perfección en mi carne por causa de Tu ira, paz en mis huesos por causa de mi pecado. Pues mis iniquidades me inundaron; como una carga pesada son penosas, superiores a mí. Pútridas y descompuestas son mis llagas, a causa de mi locura. Estoy excesivamente inclinado y encorvado; el día entero ando en desolación. Pues mi pensamiento íntimo está lleno de futilidad, y no hay perfección alguna en mi carne. Estoy muy abatido y aplastado. Clamo por los gemidos de mi corazón. Mi Señor, ante Ti está toda mi ansiedad; mi suspirar no se oculta de Ti. Mi corazón se conmociona; mi fuerza, abandonándome. La luz de mis ojos, tampoco está conmigo. Mis amigos y compañeros son indiferentes a mi aflicción, mis parientes guardan distancia. Colocan trampas, los que procuran mi vida; quienes buscan molestarme hablan traiciones, el día entero piensan falsedades. Por eso, como un sordo, no oigo, como un mudo que no abre su boca. Me convertí como en un hombre que no puede entender y en cuya boca no hay refutación alguna. Por causa de Ti, Adonái, esperé. Tú responderás, mi Señor, mi Dios. Pues pensé: "¡Tal vez ellos se alegrarán por mí, al vacilar mi pie ellos exultarán malignamente sobre mí!" Pues siempre tiendo a cojear, y mí dolor está ante mí permanentemente. Por causa de mi iniquidad, pienso, lamento mi pecado. Mas mis adversarios abundan con vida, se tornan grandes aquellos que me odian sin motivo. Aquellos que retribuyen mal por bondad me hostigan por procurar yo el bien. No me abandones, Adonái, mi Señor. No te quedes lejos de mí. Apréstate en mi asistencia, Señor mío, mi salvación.
Salmo 70 - Tehilím traducido al español
Para el Director del Coro, por David, para hacer recordar. Dios, [ven] a salvarme; Adonái, apresúrate a mi asistencia. Que quienes buscan mi vida sean avergonzados y humillados; que quienes me desean daño retrocedan y sufran bochorno. Que quienes dicen: "¡Ajá! ¡Ajá!" regresen por causa de su vergüenza [a mí]. Que se alegren y regocijen en Ti todos los que Te buscan, y que quienes aman Tu salvación digan siempre: "¡Sea enaltecido Dios!" Más yo soy pobre y necesitado. ¡Apresúrate a mí, Dios! Tú eres mi ayuda y redentor, ¡Dios, no Te demores!
Salmo 71 - Tehilím traducido al español
En Ti, Adonái, me he cobijado; jamás me avergonzaré. Sálvame y libérame en Tu rectitud; préstame oídos y redímeme. Se para mí una roca que ampara, para entrar siempre. Tú ordenaste mi salvación, pues Tú eres mi roca y mi fortaleza. ¡Mi Dios! Rescátame de la mano del perverso, de la palma del que conspira y es violento. Pues Tú eres mi esperanza, Adonái mi Dios, mi seguridad desde mi juventud. En Ti he confiado desde la matriz; Tú me sacaste de las entrañas de mi madre; mi alabanza es de Ti siempre. Fui ejemplo para los muchos, y con todo Tú eras mi poderoso refugio. Llénese mi boca con Tu alabanza, todo el día con Tu gloria. No me eches de lado en la vejez; no me abandones cuando mi fuerza flaquea. Pues mis enemigos dicen de mí, y quienes acosan mi alma conspiran juntos diciendo: "Dios lo ha abandonado. Persíganlo y atrápenlo, pues no tiene salvador". ¡Dios! ¡No Te alejes de mí! ¡Mi Dios! ¡Date prisa en mi asistencia! Que los adversarios de mi alma sean avergonzados y consumidos; quienes procuran mi daño, sean envueltos con bochorno y humillación. En cuanto a mí, siempre guardaré esperanzas; agregaré a todas Tus alabanzas. Mi boca contará Tu rectitud, todo el día [hablaré] de Tu salvación, pues desconozco su número. Vengo con la fortaleza de mi Señor, Dios; menciono Tu rectitud, sólo la Tuya. Dios, Tú me has enseñado desde mi juventud, y hasta éste [día] cuento Tus maravillas. También en la vejez y la ancianidad, Dios, no me abandones, hasta que yo cuente de Tu poderío a las generaciones, de Tu fortaleza a todos lo que habrán de venir. Tu rectitud, Adonái, llega a los altos cielos, pues Tú haces grandes cosas; ¡Dios, quién se asemeja a Ti! Tú, Quien me ha mostrado muchas y nefastas aflicciones, Tú me volverás a revivirme; me alzarás de nuevo desde las profundidades de la tierra. Aumentará mi grandeza; Te volverás y me consolarás. También yo Te agradeceré con lira por Tu fidelidad, mi Dios; Te cantaré con el arpa, Santo de Israel. Mis labios se regocijan cuando Te canto, tal como mi alma a la que has redimido. También mi lengua pronunciará Tu rectitud todo el día, pues quienes buscaron mi daño fueron avergonzados y humillados.
Salmo 124 - Tehilím traducido al español
Canción de las Ascensiones, por David: Si no fuera por Adonái que estuvo con nosotros — diga Israel — si no fuera por Adonái que estuvo con nosotros cuando hombres se levantaron contra nosotros, entonces ellos nos habrían tragado vivos en su ardiente ira contra nosotros. Entonces las aguas nos habrían anegado, el torrente habría arrasado nuestra alma; entonces las furiosas aguas se habrían agitado sobre nuestra alma. Bendito es Adonái que no permitió que seamos presa para sus dientes. Nuestra alma es cual ave que ha escapado de la trampa de los cazadores; la trampa se rompió y nosotros hemos escapado. Nuestra ayuda está en el Nombre de Adonái, Hacedor del cielo y la tierra.